¿Qué chips para nuestros móviles? Segundo Acto

Quels chips pour nos mobiles: acte deux

Traducción al español de Soitu.es por Francis Pisani

He leído atentamente el artículo de Francis Pisani titulado "¿Qué chips para nuestros móviles?", que hace referencia a un artículo del New York Times sobre las perspectivas a largo plazo de Intel frente a sus competidores en el sector de la telefonía móvil, especialmente ARM, pero sobre todo los que utilizan la licencia de ARM, como NVIDIA en su chip Tegra, por ejemplo. Os recomiendo la lectura de ambos artículos, y quisiera añadir un breve análisis de la situación.

Hoy día, el mercado del Ultra Mobile X86 es bastante nuevo para Intel. No hace demasiado tiempo, Intel vendía procesadores basados en la arquitectura ARM (los Xscale, revendidos después a FreeScale). En Intel han juzgado interesante esta experiencia, pero están convencidos de que, a largo plazo, la arquitectura X86 (la que tenemos en los procesadores para PC desde hace decenios) acabará por imponerse. Los detractores de Intel señalan el hecho de que, en términos de volumen, la arquitectura ARM está mucho más extendida que la X86. “Cierto”, admite Intel, “pero” el parque de ARM es en realidad un conjunto de chips hechos a la medida de diversos clientes (NVIDIA, Apple…) para sus necesidades específicas, sin importarles la compatibilidad. Intel, en cambio, quiere reutilizar la receta que le ha permitido imponer el X86 en el mundo de los procesadores de texto: la compatibilidad.

La estrategia de Intel

En efecto, la estrategia de Intel no es nueva. En la batalla que hubo entre RISC y CISC, dos arquitecturas de procesadores radicalmente distintas, Intel, que utilizaba CISC, reconoció que RISC era mejor técnicamente, pero que no se sostenía comercialmente. La razón es sencilla: gracias a su compatibilidad, cada procesador de Intel aceleraba casi inmediatamente millares, millones incluso, de programas, sin que fuese necesario ningún trabajo de programación. Esto daba pues ventaja a la plataforma que empleaba sus procesadores (el PC). Paralelamente, Intel redujo las diferencias de rendimiento existentes entre RISC y CISC, lo que aniquiló las ventajas del RISC.

Intel pretende así hacer lo mismo frente a ARM (que quiere decir Advanced Risc Machines…) y otros competidores. Intel sabe que, a largo plazo (calculen de 10 a 20 años), sus adversarios tendrán muchas dificultades en dos ámbitos:

1/ El aumento de los costes de producción: Para desarrollar economías de escala, se fabrican chips cada vez más densos sobre placas de silicio cada vez mayores. En cada nivel de producción, se da un efecto de consolidación debido a los costes financieros (las empresas desaparecen o se fusionan). Intel es uno de los pocos actores autosuficientes. Los otros, como NVIDIA, recurren a menudo a “fundiciones” como TSMC, que producen los chips para ellos. Por consiguiente, Intel posee actualmente la mejor placa de semiconductores del mundo. Las barreras de entrada son enormes: en Silicon Valley, los inversores saben que un start-up que quiera hacer chips «a medida» debe contar con una inversión de al menos 100 millones de dólares. Como para dejar a los principiantes en el banquillo.

2/ El mantenimiento de la compatibilidad: Que yo recuerde, no hay ninguna empresa de semiconductores que haya podido mantener una compatibilidad total durante tanto tiempo. Para el ecosistema de una plataforma (hardware, sistema operativo, aplicaciones), es una ventaja importante, pues puede ahorrar potencialmente no poco trabajo en el terreno de los drivers (pilotos).

Actualmente, el consumo es el punto débil de Intel, como lo era el rendimiento en la época de la pugna entre CISC y RISC. Pero, al contrario de lo que puedan pensar algunos, creo que, a largo plazo, Intel tiene posibilidades razonables de imponerse, pues ha demostrado que, con objetivos claros y tiempo suficiente para realizarlos, puede derrotar a sus adversarios con una tecnología fundamentalmente mejor en un momento dado. A día de hoy, ningún fabricante de procesadores ha conseguido batir a Intel en su propio terreno: el X86 -aunque AMD le haya dado mucha guerra hace unos años. La fuerza de ARM, la facilidad para modificar su diseño original (en detrimento de la compatibilidad), acabará tal vez por convertirse en su debilidad. El segundo talón de Aquiles de ARM es que todos sus clientes utilizan una técnica de fabricación de placas inferior a la de Intel –lo que dará una ventaja de integración al gigante, elemento importante en aparatos cada vez más pequeños y potentes.

Vencerá quien pueda producir la plataforma con la mejor relación calidad/precio, pero a largo plazo. Pienso que Intel disfruta de considerables ventajas, entre otras, la existencia de una barrera de entrada muy alta para todo nuevo competidor. La constatación de que el iPhone funciona hoy con un procesador basado en el de ARM, como menciona el New York Times, no significa gran cosa a largo plazo. No hace mucho tiempo, los “Macs” funcionaban con PowerPC…. Por su parte, el procesador de ARM posee muchos de los atributos del RISC de los años 90… mejor técnicamente, más pequeño… pero no necesariamente retrocompatible. La suerte no está ni mucho menos echada.