Sony anuncia que deja de vender Betamax (sí, estás leyendo esto en 2015)

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Estamos en 2015 hablando de cintas de vídeo Beta que aún siguen fabricándose (y vendiéndose, por lo visto). Vamos, que se confirma que el futuro no es lo que era. Comenzaron a fabricarlas en 1975 y ahora, cumplidos ya los 40 años ha llegado el momento de jubilar este soporte del que Sony anuncia su despedida definitiva para marzo de 2016.

Fue el primer gran soporte en permitir que millones de espectadores pudieran registrar sus programas favoritos de televisión o sus propias vivencias personales. Supuso el empuje definitivo al consumo doméstico de cine, el gran empuje para generar la ingente industria del porno que hoy conocemos. Y todo gracias a unas cintas de vídeo que replicaban en un tamaño mayor pero con el añadido de la imagen en movimiento.

Inicialmente Sony presentó el formato que ahora anuncia su final, el Betamax, que no tardó en experimentar la competencia de JVC y Panasonic (Matsushita) con el formato que terminó imponiéndose, VHS, no tanto por calidad técnica como por permitir que otras marcas pudiesen ofrecer este soporte, a lo que Sony fue largo tiempo reticente.

Aunque el último reproductor Beta dejó de fabricarse (también por Sony) en 2002 las cintas han continuado teniendo demanda más de una década después, en plena era del abandono del soporte digital (CD, DVD, BluRay…) en favor del estado sólido (discos duros, tarjetas de memoria) por no hablar del almacenamiento en la Nube y el streaming de contenidos.

Esa supervivencia ahora concluye con la fecha de punto final que Sony ha puesto a las cintas, que dejarán de venderse por la casa nipona en marzo de 2016.

Aunque a muchos les sorprenderá y habrá más de uno preguntándose “ah, pero ¿seguían vendiendo cintas de vídeo Beta?” pero la respuesta está en que en Japón sí continúa habiendo una pequeña pero persistente demanda por dicho formato. Continuaba, o por lo visto ya no era lo suficientemente importante como para continuar fabricando estas cintas.

Un nostálgico adiós a un soporte que, a buen seguro, aún tiene su hueco en el corazoncito (y en los trasteros) de más de uno.

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