El Monstruo Espagetti Volador se aparece en unos auriculares

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Las señales ya lo indican, el fin está cerca. O el principio. Lo cierto es que no resulta demasiado sencillo distinguir dónde empieza o dónde acaba, ni siquiera qué longitud tiene. Ha aparecido en un bolsillo y afortunadamente había alguien con una cámara a mano para recoger el momento.

Hace falta que algún pastafari nos indique qué es lo que se debe hacer en estos casos porque las nuevas religiones es lo que tienen: los no adeptos ignoramos cómo debe actuarse, si es necesario erigir un templo en el lugar de la aparición para que los pastafaris acudan en peregrinación, si no conviene llamar la atención para no despertar los recelos de los practicantes de otras religiones o si simplemente hay que deshacer esa madeja de cables, conectar los auriculares al móvil o MP3, introducir los pretendidos ojos del deidificado ser en nuestros pabellones auditivos y continuar con nuestra vida como si nada.

Todos hemos sufrido en alguna ocasión esa maldición consistente en introducir en un bolsillo unos auriculares cuidadosa y primorosamente doblados o ahovillados y tras apenas unos segundos en algunos casos extremos los hados se alían en nuestra contra y extraemos una suerte de nudo gordiano 2.0 que como al macedonio Alejandro nos dan ganas de deshace a golpe de mandoble.

Quizá este sea el milagro obrado en esta ocasión, haber extraído del bolsillo lo que guarda una más que notable semejanza con el Monstruo del Espagetti Volador y que pese a su enmadejado aspecto con apenas un par de hábiles giros de muñeca y sacudidas firmes haya regresado a su estado de fláccida longitudinalidad habitual, inherente a la condición de auriculares otorgada por naturaleza,.

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