Ya sabemos cuánto se ahorra empleando cohetes reutilizables como los de SpaceX

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La empresa fundada por Elon Musk completó con éxito esta semana su primer lanzamiento orbital con un cohete que posteriormente regresó de manera controlada a la superficie terrestre, posándose de tal forma que  se permite la reutilización del mismo, con el ahorro de costes que esto supone y cuya cuantía ahora conocemos.

Hasta ahora los cohetes que llevan a la órbita terrestre satélites o carga para la Estación Espacial Internacional son elementos desechables que una vez alcanzan cierta altura se desprenden como primera fase de utilidad ya consumida, cayendo libremente al océano.

La empresa privada SpaceX, fundada y dirigida por Elon Musk (CEO y fundador también de Tesla Motors) se hizo este año con una contrata de la NASA para suministrar cohetes reutilizables cuya primera fase regrese de forma controlada a tierra de forma que puedan ser revisados y empleados en posteriores lanzamientos.

Tras dos intentos iniciales en los que el cohete Falcon 9 regresaba al punto de aterrizaje previsto pero fallaba en la delicada tarea de posarse, volcando en los últimos instantes, este lunes se alcanzó por fin un éxito completo.

Ahora ya sabemos la cantidad concreta que cuesta esta operación puesto que el propio Elon Musk lo ha dado a conocer: construir un cohete Falcon 9 cuesta 60 millones de dólares y abastecerlo de combustible supone $200.000.

La parte del presupuesto que falta por concretar es la relativa al reacondicionamiento del cohete tras su aterrizaje para dejarlo listo y que vuelva a despegar con su carga. Es precisamente este tipo de costes lo que en última instancia hizo económicamente inviable el programa del transbordador espacial, al resultar excesivamente oneroso el reacondicionamiento de las naves tras cada misión espacial al superar los costes calculados inicialmente.

La gran ventaja del Falcon 9 de SpaceX es precisamente que se trata de un cohete, no de una nave, por lo que al ser técnicamente un vehículo menos complejo también resulta más sencillo y económico reacondicionarlo y repararlo.

Un antiguo director de proyectos de la NASA, Steve Poulus, explica que el coste final puede ser inferior a un millón de dólares por lanzamiento, lo que supondría una importante reducción del coste habitual, lo que redundaría en un abaratamiento de la exploración espacial, permitiendo ampliar el número de empresas que pueden llegar a colocar en órbita un satélite, con todo lo que ello supondrá, entre otras cosas, de mejora de las telecomunicaciones y la investigación.

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