Fallece Ray Tomlinson, el padre del email

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Un ataque al corazón ha acabado con la vida este fin de semana del creador del correo electrónico.

A los 75 años nos ha abandonado el programador que inventó el protocolo que permite que funcione el correo electrónico, lo que le valió en el año 2009 el premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Tecnológica.

El primer email fue enviado desde su dirección de correo electrónico, la primera del mundo, que correspondía a tomlinson@bbn-tenexa y, si te das cuenta, carece de extensión de dominio (el .com o .net habitual).

Nacido en 1941, su formación profesional como ingeniero eléctrico le otorgó a mediados de los años 60 un master en el famoso Instituto Tecnológico de Massachussets donde, curiosamente, se dedicó al campo de la sintetización del habla. Pero fue a partir del final de la década de los 60, trabajando con la empresa BBN, cuando recibió el encargo que revolucionaría el mundo de la comunicación.

La Red de Agencias de Investigación de Procesos Avanzados de Defensa quería un sistema de intercomunicación para los ordenadores presente en diversas instalaciones militares que comenzó a desarrollarse bajo la denominación SNDMSG (nombre en código de “Send Message”, o “Envío de Mensaje”). Se trataba de facilitar la comunicación entre distintos terminales conectados al mismo servidor en una red común.

Fue en ese desarrollo, a comienzos de la década de los 70, cuando surgió la idea de asignar “direcciones” a los distintos usuarios así como el emblemático uso del símbolo “@” que a pesar de que en español conocemos por identificarlo con su significado relacionado con la arroba como unidad de capacidad en inglés comercial el símbolo “@” quiere decir “en” refiriéndose a la ubicación de algo o alguien. De ahí que la “traducción” de una dirección de correo electrónico como juan@empresa.es significaría “juan en empresa de España”.

La decisión de emplear el símbolo “@” con este fin se basaba en la necesidad de que fuese un símbolo que no se utilizase ni en los nombres propios ni como signo de puntuación habitual, y dado que había caído en desuso pero en muchas máquinas de escribir del entorno anglosajón (y algunas máquinas de escribir antiguas del resto del mundo) continuaba apareciendo, se consideró una buena opción, una especie de “reciclaje” de símbolos.

Ahora el padre de este tipo de comunicación que no tardó en convertirse en universal y archipopular nos ha dejado, pero durante décadas ha ido creciendo el uso de su invento y a pesar de la profusión imparable en los últimos tiempos de la mensajería instantánea es más que seguro que todavía nos quedan años, décadas incluso, en las que continuaremos empleando el correo electrónico, por lo que debemos seguir agradeciendo su idea a Ray Tomlinson.

 

 

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