Los ingenieros de Apple están dispuestos a abandonar sus puestos si el FBI les obliga a crear un acceso a los iPhone

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No bastará con que el FBI logre (en caso de conseguirlo) que la Justicia estadounidense obligue a Apple a desarrollar una herramienta capaz de facilitar el acceso a los iPhone bloqueados: tendrán que encontrar a alguien capaz de hacerlo. Y no será fácil puesto que los ingenieros de la empresa de la manzana mordida se han manifestado dispuestos a abandonar sus puestos y renunciar a sus responsabilidades profesionales (y sus jugosos sueldos) con tal de no acatar esa hipotética orden.

Parece probable que llegado ese caso extremo ingenieros tan capaces encontrarían otro puesto bien remunerado recolocándose dentro de la propia Apple de manera gustosa por la dirección. Sería raro que Tim Cook no recompensase así la fidelidad que sus ingenieros parecen demostrar para con la postura oficialmente defendida por el CEO de la casa de oponerse numantinamente a facilitar el desarrollo de una herramienta que permitiese al FBI el desbloqueo de un iPhone sin contar con la autorización del dueño.

Inicialmente esta postura de mostrarse dispuestos incluso a dejar sus puestos de trabajo habría partido de media docena de ingenieros de alto nivel, especialmente dedicados a la seguridad en los dispositivos móviles. Se reforzaría así el argumento de Apple en relación al ataque que según la empresa de Cupertino se estaría realizando a la libertad de expresión al ser obligados a hacer algo que consideran ofensivo, como es derribar las barreras que mantienen la privacidad de los datos y contenidos de los usuarios.

La situación podría llegar a ser completamente insólita si todos los ingenieros capaces de escribir el código necesario para conseguir el desbloqueo que persigue el FBI en Apple podrían argumentar que no disponen del personal capaz de afrontar dicho reto.

El caso más similar sería el que en el marco de la investigación judicial sobre la información sobre el programa PRISM de espionaje gubernamental a través de Internet llevó a la Justicia estadounidense a multar con $10.000 diarios a la empresa de servicios de correo electrónico Lavabit mientras esta no facilitase el descifrado de los emails de Edward Snowden. En aquel caso la respuesta del propietario del servicio de email fue tajante: cerró la empresa.

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