Descubre por casualidad una tecnología para recargar las baterías 200.000 veces

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En un caso más del descubrimiento casual, similar al del Post-It (gracias a un pegamento que intentó desarrollar 3M que no tenía la suficiente fuerza pero mantenía la capacidad e adherencia) un grupo de investigadores han dado sin estar buscándolo expresamente con la tecnología que permitirá multiplicar por 30 los ciclos de carga de las baterías actuales.

Un ejemplo más de cómo alcanzar el éxito con un hallazgo inesperado cuando se estaba investigando en otra dirección. Es lo que ha sucedido a un grupo de investigadores de la Universidad de California en Irvine al desarrollar una tecnología de baterías basada en nanocables que puede recargarse más de 200.000 veces, superando de manera exponencial los aproximadamente 7.000 ciclos de carga que tienen las baterías actuales, tras los cuales pierden sus propiedades y quedan inutilizadas.

No se trataría de disponer de baterías eternas pero en la práctica cualquier dispositivo quedaría obsoleto antes de que la batería mermase en su capacidad de recarga hasta el punto de tener que sustituirla, como sucede actualmente con algunos aparatos que a pesar de que siguen funcionando perfectamente en pocos años deben pasar por el taller para sustituir su batería por otra nueva que conserve la capacidad de carga inicial. Dado que esa pérdida de características es una de las señales de que la batería ya está deteriorándose, basta multiplicar por 30 el tiempo que con esta nueva tecnología debería transcurrir hasta esa renovación de la batería.

En origen la investigación de este grupo perseguía la consecución de nanocables más finos para emplearlos en las baterías pero debido a su fragilidad al alcanza grosores tan escasos se decidieron por cubrirlos con una capa protectora de gel. Conseguir ese escaso grosor permitiría una generación de baterías más finas y por ende dispositivos más delgados.

Ese providencial baño de gel sobre los nanotubos resultó el secreto para que las baterías pudieran multiplicar los ciclos de carga sin experimentar pérdida alguna de su capacidad de recarga. Los nanocables de oro, recubiertos por una capa de dióxido de manganeso quedan encapsulados en un electrolito de un gel similar al plexiglás que durante tres meses fue sometido a continuras recargas (hasta superar las 200.000) sin perder capacidad ni energía y especialmente sin que se deteriorasen los nanocables.

 

Ese deterioro en las baterías habitualmente proviene del efecto de las sucesivas cargas y recargas que termina agrietando el núcleo de la batería. Al quedar “plastificada” por el gel de plexiglás ese proceso se anula, con lo que además puede conseguirse una batería flexible, con lo que la revolución en el campo de la tecnología de baterías está servida.

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