Dione, otra de las lunas de Saturno que podría tener un océano de agua líquida

dione

No va a ser la Tierra el único cuerpo celeste de nuestro sistema solar que tenga océanos que cubran gran parte de su superficie. Bajo la capa de hielo de Europa, una de las lunas de Júpiter, hace tiempo que se sabe de la presencia de una de estas grandes masas líquidas pero ahora sería otra luna que orbita en torno a Saturno, Dione, la que presentaría unas condiciones similares.

La pasada semana supimos que bajo la helada superficie de Plutón podría haber un profundo océano global, al igual que en Encélado, hace pocos días te hemos contado aquí en Übergimo que gracias al telescopio espacial Hubble se ha descubierto géiseres de 200 kms de altura con vapor de agua en Europa y trasladándonos hasta la órbita de Saturno, ahora la NASA anuncia que Dione también tendría un océano de agua líquida bajo el manto de hielo que cubre su superficie.

Se trata de la cuarta mayor luna del planeta de los anillos. Cuenta con un diámetro de 3.500 kms y la primera imagen que tuvimos de esta luna nos llegó en la décadas de los 80 gracias a las sondas Voyager, habiendo recibido en fechas más recientes nuevas y espectaculares imágenes gracias a la sonda Cassini.

Su superficie está parcialmente cubierta de hielo, presentando profundos cañones rocosos y altas cimas montañosas, habiéndose detectado vestigios de actividad geológica. La sorpresa surge como consecuencia de un reciente estudio efectuado por Mikael Beuthe, del Real Observatorio de Bélgica, quién ha calculado a partir de modelos geofísicos y el estudio de anomalías gravitatorias que el hielo de Dione sería una capa de 100 kms de grosor flotando sobre un océano de unos 65 kms de grosor.

En el interior de la luna habría un núcleo rocoso que supone un 70 % del radio total. Formado en parte por materiales radiactivos, la degradación de los mismos genera un calor suficiente como para fundir la parte más cercana del hielo y por esa razón el océano líquido queda por debajo de la capa superficial helada.

Si con una misión espacial pudiese analizarse con mayor detalle las condiciones de Dione podría establecerse la edad de ese océano líquido y así determinarse si “ha dado tiempo” a que llegue a desarrollarse actividad biológica en el mismo si se hubieran dado las condiciones para ello en el pasado o si dispone de potencial para que alguna vez llegue a ser capaz de albergar vida.

Incluso, como sugieren algunas teorías, algunos de los satélites de Saturno (actualmente se ha catalogado más de 62 con órbitas seguras) podrían haber expelido vapor de agua en forma de géiseres como sucedería en Europa de manera que cabría la posibilidad de que Dione y Encélado (se encuentran en órbitas adyacentes) puedan haber intercambiado sustancias y hasta microbios extremófilos durante millones de años.

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Si la hipótesis de la panspermia explica que el origen de la vida puede encontrarse en  la llegada a los planetas de microbios y bacterias procedentes de cometas y otros cuerpos celestes, no sería tan complicado que dos lunas cuyas órbitas están separadas por apenas 140.000 kms (la mitad de la distancia entre la Tierra y la Luna) puedan haber intercambiado sustancias a lo largo del tiempo si, como en el caso de Europa, se produjesen géiseres de vapor de agua de varios kilómetros de altura cuyas partículas en suspensión pudiesen llegar a escapar de la tenue atmósfera.

Si no ya la presencia de agua sino la existencia de océanos resulta ser más común de lo que pensábamos quizá el desarrollo de condiciones para la vida (y todo esto sin abandonar nuestro vecindario) también sea más habitual de lo que pensábamos y tengamos más cerca la respuesta de si hay vida más allá de nuestra atmósfera.

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