El iPod cumple 15 años

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El 10 de noviembre de 2001 todo cambió en la industria de la música y todo cambió para Apple. Hasta ese día las canciones se vendían por discos y Apple era una empresa de informática. El iPod lo revolucionó todo.

Steve Jobs sostenía en lo alto un pequeño dispositivo con una pantalla en blanco y negro y una rueda de botones. Decía que con aquel dispositivo podías llevar mil canciones en tu bolsillo. Había nacido el iPod.

Los reproductores portátiles de MP3 ya llevaban un tiempo siendo populares pero igual que en Cupertino no inventaron el ordenador ni el tablet ni el smartphone ni… lo que sí supieron fue conseguir el perfecto equilibrio entre forma y fondo, entre función y manejo, todo ello sin desdeñar el habitual e innegable atractivo estético propio del diseño de la casa. Porno hablar de iTunes, que en el fondo fue el auténtico espaldarazo a la industria del consumo musical y con el tiempo de aplicaciones para móviles: vender canciones por unidades, no por discos, a cambio de $0,99 por unidad.

Inicialmente contaba con 5 Gb de capacidad, en los que podían albergarse esas mil canciones que prometía meter en tu bolsillo Steve Jobs y la rueda de desplazamiento era mecánica, realmente se desplazaba siendo sustituida posteriormente por una superficie táctil. Fue ya con la segunda generación cuando llegó el Dock Conector de 40 pines, la rueda de control redujo su tamaño y ya con la tercera generación, aparecida en 2004, llegó el color negro y el diseño exterior que ha mantenido hasta su desaparición (en 2007 con el modelo Classic), ampliando la capacidad hasta unos por entonces asombrosos 30 y 60Gb.

A partir de ahí llegó la reproducción de vídeo, la ampliación de capacidad hasta los 160 Gb en 2009, la aparición de variantes con menor tamaño (Nano, Shuffle y Mini) y de distintas variantes de color, junto con el aprovechamiento del iPhone para ofrecer un iPod Touch que muchos han calificado de “iPhone desde el que no puedes hacer llamadas telefónicas”, modelos que han terminado por arrinconar al iPod “tradicional”, que en buena parte ha quedado sin demasiado sentido cuando ya todo el mundo lleva en su bolsillo un smartphone que cumple la función de reproductor de MP3 y vídeo.

Quince años después de la aparación del iPod ¿qué queda de él, cuál es su legado? En cuanto a la reproducción musical (con algunos añadidos como la radio FM RDS o la medición de actividad) la herencia queda en manos del iPod Nano, aparecido en 2005 y que puede considerarse el continuador más fiel del original. Con tamaño y peso reducidos (31 gramos), pantalla a color multitouch de 2,5 pulgadas, posibilidad de reproducir vídeo y reproducción de audio mediante Bluetooth ofrece una capacidad más que suficiente de 16 Gb por 179 €.

Por debajo queda el iPod Shuffle, tamaño minúsculo (2,9×3,1×0,8 cms), peso imposible (12,5 gramos), sin pantalla, con el espacio justo para cuatro botones y una pinza integrada en la propia estructura que permite sujetarlo a la ropa, su capacidad de 2 Gb es algo menos de la mitad del iPod original y permite llevar unas 400 canciones a cambio de 55 €.

Por “arriba”, aunque en realidad se trata prácticamente de otro dispositivo, el iPod Touch va mucho más allá del concepto original de reproductor musical puesto que con su pantalla de 4 pulgadas permite disfrutar con algo más de holgura de contenidos en vídeo pero además, al operar sobre el sistema operativo iOS y poder instalar cualquier aplicación disponible en App Store, se constituye en un híbrido a medio camino entre el iPhone (por algo apareció también en 2007, cuando la primera generación de smartphones de Apple) sin capacidades de llamada de telefonía móvil y un iPad de tamaño ultrarreducido.

Carece de conexión propia y depende del WiFi pero permite acceder a Internet y ampliar las funciones hasta donde llegue la imaginación de los desarrolladores de aplicaciones para iOS. Pero precisamente su gran similitud con el iPhone ha hecho que Apple claudique y desde 2013 no recibe más que mínimas actualizaciones como ampliación de memoria o nuevos colores porque supone la más clara conclusión de que como en la canción de The Buggles (“Video killed the radio star”) podríamos decir que el iPhone mató el éxito del iPod.

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